Te miro, contemplando el infinito cielo,
pensando en un nuevo amanecer sin mis brazos,
llevada y confundida, por la ira de estos híbridos momentos,
que destierran con mentiras que dan miedo,
un amor de que parece cobre pero es de oro,
destruyendo cada uno de sus lazos.
Me pierdo, en el recuerdo de otros años,
y mientras tus reproches se mezclan con mi llanto,
exclamo perdón, con las manos temblando,
pero no te apiadas, y sigo cayendo
en la umbría depresión con espanto.
Siento que te pierdo, mientras corren
tus palabras llenas de odio,
que dejan en cada uno de sus pasos,
una orgía de llanto y de dolor desmesurado.
Y cojo tus manos y aquel frío me hace daño,
como una espada de hierro que corta mis sueños,
trizando cual rosa de cristal todas tus promesas,
y las caricias, que en mi mente has dejado.
Yo sé que hubo noches que bebimos vino amargo,
tal vez mil noches que parecieron mil años,
pero siempre tuyo fui,
y fue tuya mi alma y fueron tuyos mis pasos,
sin saber que este camino blanco
sería hoy, el negro dolor
que en este pobre corazón cargo.
Y tal vez, hubo demasía en mi amor,
o tal vez nunca fuiste ni serias mía,
y solo yo, por cariño ausente vivía engañada.
Lloro y te pido silencio, y tu hastío me pide la mano,
para la última palabra,
un infinito adiós y un compasivo abrazo.
Dime, ¿dónde quedaron aquellas cartas
que tus labios sellaron?
dime ¿dónde duermen las noches que un día quemaron?
y cuando nació el averno en nuestro edén,
y nacieron malas hierbas entre los geranios.
Dime ¿por qué me quitas el alma
y siembras una sombra dolorosa entre mis pasos?
Y ya no puedo más, y quiero morir hoy a tu lado,
aún sabiendo que ahora desprecias nuestro ayer.
Ya lo sé, pero ten piedad y dime,
¿dónde a mi amor has enterrado?
Porque aún no sé, si también mañana... te he de querer.
Yess...
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