
Hay días como hoy, donde es preferible morir,
y no ver la triste verdad que toca a tu puerta,
con el tísico rostro de un niño,
cuyas entrañas están saciadas de vacío, de tanto hastió,
y del dolor que causa el imperdonable olvido;
como si en su piel se reflejara la ausencia de cariño,
reflejo de dignidad que intenta esconder el llanto desesperado
de un ángel que sufre en el frágil cuerpecito de un niño
ángel que al ver las sobras de un pan comienza a reír;
mientras la compasión te lleva hacia la gloria
en busca de tu alma muerta
que se ha condenado en ti… ¡barro!
por haber tenido siempre cerrada la puerta.
Hay caminos, por donde es mejor no ir,
tanto para el corazón como para la piel,
porque el día que tus pasos se empapen
en los charcos de lágrimas,
lagrimas que imperecederas descienden
entre arrugas curtidas ayer,
verás con espanto lo duro que es la vida que adulas
mientras en tu cosmos de mentiras, querrás morir,
porque verás a tus espaldas
días de jubilo con horas de gula,
que han sembrado en tu camino negras flores
tan amargas como ajenjo mezclado con hiel
que comerás en tus últimos días
cuando la muerte brille sobre tu frente
como el brillo que en estos caminos ves.
Hay palabras, a las cuales es mejor dar sepultura
y actuar con recato sobre su tumba,
porque más queman las brasas,
que enciende la lengua a lo largo del camino,
que la efímera fama que mengua la conciencia de los vivos.
Hay muerte que nos da la vida
y toda vida se va a la muerte,
entonces, porque no dar la mano
y entregar cada uno de tus días
al ser que ante la desgracia y el dolor sobrevive
en este mundo que agoniza, por tu álgida indiferencia
y por lo abrasivo que vive en el alma mía.
Y hay tanto por hacer en esta vida...
y no ver la triste verdad que toca a tu puerta,
con el tísico rostro de un niño,
cuyas entrañas están saciadas de vacío, de tanto hastió,
y del dolor que causa el imperdonable olvido;
como si en su piel se reflejara la ausencia de cariño,
reflejo de dignidad que intenta esconder el llanto desesperado
de un ángel que sufre en el frágil cuerpecito de un niño
ángel que al ver las sobras de un pan comienza a reír;
mientras la compasión te lleva hacia la gloria
en busca de tu alma muerta
que se ha condenado en ti… ¡barro!
por haber tenido siempre cerrada la puerta.
Hay caminos, por donde es mejor no ir,
tanto para el corazón como para la piel,
porque el día que tus pasos se empapen
en los charcos de lágrimas,
lagrimas que imperecederas descienden
entre arrugas curtidas ayer,
verás con espanto lo duro que es la vida que adulas
mientras en tu cosmos de mentiras, querrás morir,
porque verás a tus espaldas
días de jubilo con horas de gula,
que han sembrado en tu camino negras flores
tan amargas como ajenjo mezclado con hiel
que comerás en tus últimos días
cuando la muerte brille sobre tu frente
como el brillo que en estos caminos ves.
Hay palabras, a las cuales es mejor dar sepultura
y actuar con recato sobre su tumba,
porque más queman las brasas,
que enciende la lengua a lo largo del camino,
que la efímera fama que mengua la conciencia de los vivos.
Hay muerte que nos da la vida
y toda vida se va a la muerte,
entonces, porque no dar la mano
y entregar cada uno de tus días
al ser que ante la desgracia y el dolor sobrevive
en este mundo que agoniza, por tu álgida indiferencia
y por lo abrasivo que vive en el alma mía.
Y hay tanto por hacer en esta vida...
Yess...
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